Las dependencias nunca fueron buenas

Las dependencias nunca fueron buenas

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Uno de los mayores adelantos de este siglo XXI son las nuevas tecnologías, y no hablo sólo a nivel de usuario (móviles, smartphones, ordenadores, tablets, cámaras, etc.) sino también a nivel industrial puesto que la tecnología también da pasos de gigante en este ámbito aunque no se proporcione del mismo modo y muchos no nos enteremos de las últimas novedades al respecto.

Como empresario de este siglo soy el primero que permanece enganchado, a veces demasiado, a esas nuevas tecnologías puesto que, al mismo tiempo que me hacen la vida más sencilla me la complican: me paso el día mirando la pantalla de móvil y accediendo cada dos por tres al correo electrónico por si algunos de mis proveedores o clientes tiene algún problema que he de resolverle inmediatamente y esto ha creado en mí una dependencia a esas nuevas tecnologías que no puedo intentar eliminar porque no hablamos de un hobby o de un entretenimiento sino de mi empleo y mi manera de ganarme la vida. Pero no soy el único y soy consciente de ello.

Hoy en día todas las empresas dependen, en mayor o menos parte, de las nuevas tecnologías y debemos ser conscientes de ello si queremos que esa dependencia no se convierta en un problema.

Debido a ello, muchas empresas informáticas, de mantenimiento y de venta de productos tecnológicos se aprovechan precisamente de esa dependencia para subir el precio de sus productos sabiendo que van a venderse de igual modo y que su porcentaje de beneficios será, por tanto, superior que el que ya tenían. Para no caer en sus redes, lo importante es investigar el producto que quieres adquirir antes de decidirte a comprarlo en un sitio o en otro. La semana pasada estuve en una feria de nuevas tecnologías aquí en Aragón donde  vi una Tablet que andaba buscando. Se trata de un 2 en 1, una Tablet convertible a la que se le añade teclado y se puede usar a modo de portátil o netbook. Estuve mirando varias y el precio no me terminaba de convencer, en ninguna de ellas, porque las prestaciones tampoco es que fueran las mejores, así que decidí no comprar ninguna y esperarme a echar un ojo por Internet. Lo que descubrí es que en Todo Muy Barato podía adquirir los mismos modelos de tablets a precios más económicos y que en la feria, como en muchos otros sitios, pretenden ganar mayor margen de beneficio que en tiendas más humildes y/o familiares.

Al final, si yo no hubiera tenido la paciencia para ir a casa y buscar referencias de esas tablets y los precios por los que puedo comprarlos en la red había acabado pagando el precio que me demandaban en la feria y es precisamente de eso de lo que se aprovechan, de la necesidad urgente que tenemos algunas personas, la mayoría empresarios, de acceder a ciertas tecnologías y de la falta de tiempo que tenemos para buscarlas en otros sitios.

Lo que quiero decir con todo esto es que podemos depender, hasta cierto punto, de las nuevas tecnologías porque son la estrella de este siglo, y seguirán siéndolo probablemente durante mucho tiempo, pero no podemos depender hasta el punto de que nos engañen o se conviertan en una obsesión, bien sea a nivel personal como profesional.

3 respuestas a Las dependencias nunca fueron buenas

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